lunes, 1 de octubre de 2012


CONFESANDO A CRISTO 
A cualquiera pues que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesare... Mateo.10.32 





Confesar a Dios es la esencia principal de la vida cristiana. Definitivamente no se puede ser un creyente sino esta entre nuestros anhelos confesar el nombre del Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. No se puede ser cristiano si no tenemos ni la menor idea de que significa serlo. Hoy en Día muchas personas se congregan, participan, celebran y aseguran haber hecho un cambio de vida, pero son pocos los que se percatan que todo lo mencionado antes debe ir acompañado irremediablemente de un conocimiento sobre esa divinidad que adoramos, y al que le hemos entregado nuestros corazones y seguridad de la salvación.
Debemos confesar a Dios para cumplir con nuestro propósito al ser llamados como obreros del Reino Celestial, y la misma Biblia nos dice, pero teniendo el mismo espíritu de fe conforme a lo que está escrito “creí por lo cual hable. Pero ¿Cómo confesarlo? ¿Cuál de todas las doctrinas que existen hoy día es aquella real y verdadera? Todas las doctrinas que se conocen aseguran provenir de la misma Palabra, por lo que suscita esas interrogantes. De ser así entonces ¿Qué bases uso para prepararme?
El llamado que hace Dios en nuestras vidas está acompañado de aprender sobre sus verdades, su propio ser y todo aquello que dejo en su Palabra, como lo dice en Mateo 28:19-20: nuestro Señor dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. La misma escritura nos dará las respuestas, ya que ellas son la verdad, y aunque algunos se han desviado de ésta, no significa que sea la Biblia la culpable sino el ser humano mismo. Por eso no basta con leer solo por sacar de la Palabra lo que me conviene o me gusta sino que debo escudriñarla esperando que sea ella quien me constriña a tal punto de ser ella quien me guíe y no viceversa.
El texto de mateo habla precisamente de ello, de un discipulado que involucra llevar a las personas a Cristo y encaminarlos hacia la madurez, y esto no se puede lograr sin aquel que discípula no conoce los tesoros guardados en las Sagradas Escrituras, sus promesas, sus doctrinas, sus advertencias, sus consejos, sus leyes.
"Estad prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo”. Esta advertencia dejada por Dios en la carta de Pedro (3:5-18) nos deja dos enseñanzas
La primera, es que los cristianos se han de formar, cultivar la fe y estar atentos a las enseñanzas de la iglesia. No se puede exponer nuestras creencias ante el mundo sin tener argumentos sólidos y las bases bíblicas. Hemos de empaparnos de la Biblia y también de los libros de edificación para nuestra formación (Esto no es trabajo solo de los pastores y líderes sino de todos), y en segundo lugar, todo cristiano debe ir y hacer discípulo, enseñándole sobre esas verdades aprendidas para que este nuevo creyente se edifique en las verdades de la Sana Doctrina.

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